Atletas Olímpicos: Cunningham, un premio a la persistencia

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En esta entrega, incluye a varios atletas que tomaron parte en diferentes deportes, como el estonio Tammer, el sueco Uggla, el finés Pörhöla, en bala y martillo, así como el chileno Plaza, vendedor ambulante, el inmigrante Kleger, el superviviente Cunnigham, el argentino Zabala, la mexicana Uribe Jasso, la primera latina y Trebisonda, la primera italiana en el olimpo.

Tammer, la bala y la halterofilia

El estonio Harald Tammer conjugó la impulsión de la bala y el levantamiento de pesas (halterofilia), compitiendo en ambas especialidades durante los Juegos Olímpicos de Amberes 1920; en la bala se ubicó sexto (13.60), mientras que París 1924, por fin, logró una presea, bronce en +82 kilogramos (pesas). Tammer había ganado el título mundial en 1922 en el evento del orbe celebrado en Tallin.

Pörhöla, combinando bala y martillo

El finés Ville Pörhöla se las ingenió para incursionar en pruebas poco afines, como la impulsión de la bala y el lanzamiento del martillo, claro, lo hizo primero en la bala, donde ganó el título en Amberes 1920, fue séptimo en París 1924, luego reapareció en Los Ángeles 1932, en el lanzamiento del martillo, donde logró medalla de plata, actuación que complementó en esta propia prueba, con el título europeo en la cita de Turín 1934.

Uggla, ante la duda, mejor rectificar

El sueco Bertil Uggla integró un trio de pertiguistas (el canadiense William Happenny y el estadounidense Frank Murphy) que terminaron empatados en el cuarto puesto, durante los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912, algunas publicaciones los mencionan como medallistas de bronce; pero Uggla, 12 años más tarde asistió a París 1924 y se colgó al cuello el metal bronceado, compitiendo ahora en Pentatlón Moderno.

Plaza, de suplementero a medallista olímpico

Al chileno Miguel Plaza le corresponde el honor de ser el primer corredor latinoamericano en ganar una presea olímpica en la prueba de maratón, con plata, al llegar segundo en Ámsterdam 1928, donde escoltó al francés Boughera El Ouafi, Plaza había logrado el sexto puesto en la cita de París 1924. En Santiago de Chile era vendedor ambulante de periódicos, oficio que le ayudó en su formación atlética. Plaza dominó el fondo a nivel sudamericano en la década de 1920, llegando a ganar cuatro títulos en los Campeonatos Sudamericanos de 1924, 1926 y 1927.

Kleger, otro emigrante olímpico

Otro que no representó al país de nacimiento fue el argentino Federico Kleger, quien había nacido en Wynberg, Sudáfrica. En 1907, sus padres emigran a Argentina, asentándose primero en Liniers y definitivamente en Merlo. Federico se inició en el atletismo siendo miembro del Club Ferrocarril Oeste, materializando una larga trayectoria atlética, entre 1926 y 1941, asistiendo a dos Juegos Olímpicos, Ámsterdam 1928, séptimo y Los Ángeles 1932, siendo sexto, en el lanzamiento del martillo.

Cunningham, un premio a la persistencia

La historia del estadounidense Glenn Cunningham es digna de elogios, pero no fue recompensada con el título olímpico. A la edad de ocho años, estuvo a punto de morir en un incendio ocurrido en su colegio, lamentablemente, su hermano Floyd, dos años mayor, falleció en este accidente, pero Cunningham sufrió graves quemaduras en las piernas, los médicos recomendaron amputarlas, algo a lo que los padres de Glen se opusieron, los galenos habían pronosticado que jamás volvería a caminar. Había perdido toda la epidermis en ambas rodillas, así como los dedos de su pie izquierdo, pero su voluntad, unido al apoyo y entrega de sus padres, le permitió ir recuperando gradualmente la capacidad de caminar y luego, correr. Cunningham es considerado uno de los mejores corredores de la milla en Estados Unidos, sin embargo, sus realizaciones olímpicas, nunca lo llevaron a la cima del podio. En Los Ángeles 1932, fue cuarto (1500 metros), mientras que en Berlín 1936, a pesar de superar el récord mundial (3:48.8 de William Bonthorn) con 3:48.4, tuvo que verle el dorsal al neozelandés John Lovelock (3:47.8).

Zabala, gracias al Marcos Paz y a Stirling

El argentino Juan Carlos Zabala fue un polifacético atleta, campeón olímpico en la maratón de Los Ángeles 1932, abandonando cuatro años más tarde en Berlín, pero se ubicó sexto en 10000 metros. Zabala quedó huérfano de pequeño, viviendo en el reformatorio Marcos Paz, donde inició su afición por las carreras de largas distancias, gracias al entrenador Alejandro Stirling, también practicó fútbol, baloncesto y natación. Algunas facetas de su vida fueron llevadas al cine, en los filmes Y mañana serán hombres (1939) y Campeón a la fuerza (1950)

Uribe Jasso, inició por las latinas

La mexicana María Uribe Jasso es posiblemente, una de las primeras mujeres latinoamericanas presente en el atletismo olímpico, Jasso asistió a la cita de Los Ángeles 1932, participando en el lanzamiento de la jabalina, ubicándose séptima, con 33.66 metros. Como dato curioso, su hermano Adolfo Uribe Jasso, fue jugador de baloncesto, con presencia en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1926.

Valla; primera italiana en el olimpo

La italiana Trebisonda Valla fue la primera campeona olímpica de su país en el atletismo, al triunfar en los 80 metros con vallas durante los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Trebisonda debe su nombre al amor que sentía su padre por la ciudad turca del mismo nombre, ubicada junto al mar Negro, pero a la boloñesa le llamaban Ondina. Desde temprana edad destacó en el atletismo, manteniendo una enconada rivalidad con su paisana Caudia Testoni, también nacida en Bologña y cuarta en esa propia prueba en la capital alemana. Trebisonda a nivel nacional, destacó en valla, 100 metros, salto de altura y longitud, siendo promocionada por el gobierno de Mussolini, como un ícono de la juventud ialiana. La final berlinesa (80 con vallas) fue muy reñida, aun cuando, Trebisonda había impuesto récord mundial en la semifinal, con 11.6, cuatro atletas fueron cronometradas en 11.7 segundos, Trebisonda, la alemana Anny Steuer, la canadiense Elizabeth Taylor y Testoni. En 1978 a Ondina le robaron su medalla de oro olímpica, pero en 1984, Primo Nebiolo, entonces presidente de la IAAF y de la FIDAL, le obsequió una réplica.

Eddy Nápoles Cardoso – Cuba (Especial para Atletismo Peruano)

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