Atletas olímpicos, Hayes con título olímpico y anillo de Super Bowl

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Rudolph, de paralítica a campeona olímpica

Cuando la estadounidense Wilma Rudolph vino al mundo, el 23 de junio de 1940, pocos se podrían imaginar que sería una vedette olímpica, era la vigésima, entre 22 hermanos, procedente de una familia pobre en Tennessee, con nacimiento prematuro, padeció de neumonía a los cuatro y seis años, respectivamente, para colmo, tuvo un ataque de poliomielitis que le dejó una pierna paralizada varios años. Su voluntad y sacrificio la llevaron a superar estas adversidades, llegando a convertirse en una excelente jugadora de baloncesto y corredora en el instituto. Había estado en Melbourne, pero sin sobresalir, sus Juegos fueron los de Roma 1960, con tres títulos (100, 200 y 4×100).

Vickers, paseado en hombros

El marchista inglés Stanley Vickers no conquistó el título olímpico en los 20 kilómetros en los juegos de Roma 1960, logró medalla de bronce, pero de regreso a su puesto de trabajo, fue paseado en hombros por toda la sala de compraventa, por sus compañeros de labor, Vickers trabajaba en la Bolsa de Londres.

Balas-Soter, el oro olímpico, a veces tarda, pero llega

La rumana Iolanda Balas-Soter marcó una época en el salto de altura en el mundo, siendo la líder de la prueba, entre 1956 y 1971 (récord mundial), con ese “argumento” (1.75) llegó a Melbourne en 1956, pero en la ciudad australiana se vio relegada a posiciones secundarias (quinto lugar) y además, la estadounidense Mildred McDaniel (1.76), ganadora, la despojó del récord mundial. Dicen que la justicia, a veces llega tarde, pero siempre llega y en el caso de Balas-Soter, llegó por partida doble, con triunfos en las ediciones de Roma y Tokio. Iolanda Balas-Soter es la única saltadora de altura que ha obtenido dos títulos consecutivos.

Ozolina, Lusis, familia olímpica

La soviética Elvira Ozolina, nacida en San Petersburgo, fue la ganadora del lanzamiento de la jabalina en Roma 1960, segunda mujer de esa nacionalidad en hacerlo (Inese Jaunzeme, 1956), su celebridad le viene porque contrajo matrimonio con el jabalinista y que también, competía bajo la bandera de la hoz y el martillo, Jänis Lusis, pero nacido en Jelgava, Letonia, quien se coronó ocho años después (México 1968). Lusis y Ozolina, también estuvieron en Tokio’64, donde él logró bronce y ella fue quinta. Lusis siguió bregando en el escenario olímpico hasta 1976, con plata en Múnich y octavo en Montreal. El hijo de ambos, Voldemars Lusis, pretendió darle continuidad a la tradición olímpica de sus padres, asistió a Sydney’00 y Atenas’04, pero en ambas citas, no pudo pasar la ronda clasificatoria.

Brumel, fiel a su estilo

Otro soviético que inició su quehacer olímpico en Roma fue, el saltador de altura Valery Brumel, donde ganó medalla de plata, adelantado por su paisano Robert Shavlakadze. En lo adelante sostuvo un “pulso” con el estadounidense John Thomas, a quien derrotó en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Se le consideraba, casi imbatible, hasta que sufrió un lamentable accidente de motos, del cual, pese a varias intervenciones quirúrgicas, nunca se recuperó totalmente. Brumel estableció seis cuotas mundiales, utilizando el estilo denominado rodillo ventral, del que fue el mejor exponente.

Hayes con título olímpico y anillo de Super Bowl

Entrando, propiamente en Tokio 1964, tenemos como una de sus estrellas, al estadounidense Bob Hayes, nacido Robert Lee Hayes en Jacksonville. Hayes estudió en la Florida A&M University, donde destacó en el fútbol americano y en el atletismo. En este último deporte permaneció hasta terminar los Juegos Olímpicos de Tokio, donde triunfó en los 100 metros y en la posta 4×100. Al regreso a Estados Unidos le esperaba un contrato para jugar en la NFL, con los Dallas Cowboys, jugando como recibidor durante 10 temporadas. En 1971 ganó el Superbowl de la NFL, jugando su última temporada en 1974 con los San Francisco 49ers. Hayes fue elegido al Salón de Fama de los Dallas Cowboys en 2009.

Larrabee, nunca es tarde, para ganar un título olímpico

El estadounidense Michael Denny Larrabee, conocido como Mike, llegó con cierta veteranía a la cima del podio olímpico, casi 31 años. Mike comenzó a destacar en el atletismo desde la adolescencia, siéndole otorgada una beca para estudiar en la Universidad de California, pero las lesiones hicieron acto de presencia, teniendo que abandonar el atletismo. Graduado de geólogo y aplicando nuevas tendencia en el entrenamiento, regresa años más tarde, la primera clarinada de sus potencialidades la dio en las pruebas de selección (USA Trials) celebradas en Los Ángeles, donde igualó el récord mundial (49.9). En la llamada “Tierra del Sol Naciente”, Larrabee tuvo que “acelerar” el ritmo en la recta final de la carrera por el título, pues andaba rezagado, pero pudo adelantar al británico Robbie Brightwell (cuarto), al polaco Andrzej Badenski (tercero) y el trinitario Wendell Mottley (segundo). El adiós al atletismo fue con el título en la posta 4×400. Fue profesor de matemáticas, agente comercial de la Adidas en California, donde falleció, el 22 de abril de 2003.

Cuthbert, tres es más que uno

La velocista australiana Elizabeth Cuthbert tiene la peculiaridad de ser la única persona que ha logrado conquistar el título olímpico en 100, 200 y 400 metros. Con apena 18 años, Betty fue la heroína de Melbourne, cita en la que triunfó en 100, 200 metros y en la posta 4×100. Roma 1960 representó un paréntesis, al lesionarse en las eliminatorias de los 100 metros y tener que abandonar el evento. Reapareció en Tokio, inaugurando con su título los 400 metros para mujeres en Juegos Olímpicos.

Kirszenstein, polivalente medallista

La corredora Irena Kirszenstein, nacida en San Patersburgo, Rusia, pero de padres polacos fue una legendaria atleta, ganadora de siete preseas olímpicas, con tres títulos, dos platas y dos bronces. Irena comenzó a los 18 años, ganando tres medallas en Tokio, oro en la posta 4×100 y plata en 200 metros y salto de longitud. A partir de 1967 tomó el apellido Szewinska al contraer matrimonio con Janusz Sewinsky, con el que aparece en México 1968, ganando el título en 200 metros, tercera en 100 metros y eliminada en longitud. Esta polivalencia de Szewinska, parece no haberle estado dando los mejores dividendos, en Münich, solo logró bronce en 200 metros. En el siguiente ciclo, se decantó por los 400 metros, logrando el título olímpico en Montreal, con récord mundial de 49.29 segundos. Estuvo presente en Moscú 1980, sus quintos Juegos Olímpicos, pero no avanzó más allá de las semifinales.

White, poco ruido y mucha historia

La estadounidense Willye White no fue una deslumbrante atleta, que impactara por sus resultados, pero sí logró encadenar una larga trayectoria olímpica, que la llevó a ser la primera atleta de su país en participar en cinco Juegos Olímpicos. White comenzó con 17 años en Melbourne 1956, ganando medalla de plata en salto de longitud, con 6.09 metros. En Roma 1960 no logró medallas (5.77); en Tokio 1964, integró el relevo 4×100, que conquistó plata; en México 1968 (longitud, 6.08) y Münich 1972 (longitud, 6.07), tampoco estuvo entre las medallistas. Su carrera se complementó con cuatro medallas panamericanas, dos títulos en Sao Paulo 1963 (longitud y 4×100) y bronce en Chicago 1959 y Winnipeg 1967.

Eddy Nápoles Cardoso – Cuba (Especial para Atletismo Peruano)

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