Atletismo Cubano: Perdiendo la identidad

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Aunque “El Andarín” Carvajal y otros atletas criollos practicaban este deporte desde antes; el atletismo cubano cumplirá en este 2020, exactamente, el 3 de diciembre, 115 años de historia oficial, marcado el inicio por aquella competencia celebrada en 1905 en los predios que hoy ocupa el hospital América Arias, en el Vedado capitalino.

En el transcurso de más de un siglo de existencia, los atletas cubanos han destacado, en casi todos los sectores de este milenario deporte, con medallistas olímpicos o mundiales en, las pruebas de velocidad plana y con vallas, en medio fondo, en los saltos, en los lanzamientos y en los eventos combinados (decathlon y heptathlon). Solo escapan de preseas a este nivel, las especialidades de fondo y caminata.

A partir de 1959, cuando el deporte cubano comenzó a vivir su verdadero esplendor, el atletismo, también se vio engrandecido, en los años 60s; mediante las pruebas de velocidad, incluyendo los relevos, luego se fueron incorporando a ese destaque en los 70s, las vallas cortas, algunos lanzamientos y saltos. Ya para los 80s y 90s, el espectro era más abarcador, aun, cuando las especialidades de velocidad ya no vivían su mejores momentos.

Hoy, al finalizar la segunda década del presente siglo, el panorama es desolador y poco esperanzador en varias pruebas, por lo que les propongo dar un vistazo por algunas de ellas.

Se me ocurre iniciar por el lanzamiento de la jabalina, agravado en ambos sexos; en el femenino, en épocas pasadas se contó con atletas de nivel mundial, como María Caridad Colón, Mayra Vila, Xiomara Rivero, Isel López, Sonia Bisset,  Osleidys Menéndez y varias más, que cubrieron un lapso de tiempo, entre 1980 y 2007, todas con envíos estables sobre los 60.00 metros, pero al retirarse Osleidys y Sonia, la prueba se ha sumido en la oscuridad. Jabalinistas como Yanet Cruz y Yainelis Riveaux, nunca lograron estabilidad en sus resultados, mientras que Lismania Muñoz e Ismaray Armenteros, no llegaron a destacar, más allá de nuestras fronteras. La granmense Yulenmis Aguilar despuntó con muchos bríos, logrando medalla de plata en el mundial de cadetes de Donetsk (2013), dos años más tarde, tuvo su segundo y último destello, con envío de 63.86, récord mundial juvenil, pero su estrella se apagó temprano. La santiaguera Marisleisys Duarthe despidió los mundiales de cadetes con el título, en Nairobi 2017, pero su brazo se eclipsó antes del amanecer. Hoy las esperanzas de reeditar algunos de los éxitos pasados descansan en la jovencita Yicelena Vallar (56.52-17 años), la espirituana Melissa Hernández (56.20-19 años) o la guantanamera Mailén Brooks (20 años-55.62), pero quien garantiza que no corran igual suerte que Muñoz, Armenteros, Aguilar o Duarthe.

En el masculino, con una tradición iniciada en aquel jabalinazo de Aurelio Janet (80.10), en los Juegos Olímpicos de México 1968 y continuada luego por los Fernández, Jarvis, Pupo, González-Fuentes, Quintana, Patterson y más acá, por los hermanos Ramón y Emeterio González e Isbel Luaces, para terminar con Guillermo Martínez. Resulta que el último envío sobre los 80.00 metros se produjo el 27 de febrero de 2016, cuando el propio Martínez en su despedida, lanzó 81.49, pero lo más preocupante es que no se avizoran los jabalinistas que, a corto y a mediano plazo, puedan rebasar esa cuota. Atletas como el holguinero Osmani Laffita (26 años), se ha quedado varado en 77.89 (temporada 2016); el espirituano Ronny Cedeño (21 años), poseedor del récord nacional para menores de 18 años, con 76.18 (jabalina de 700 g), marca lograda en 2015, en cuatro años, apenas lanzó en la pasada temporada, 72.66 metros. Solo el villaclareño Yarovis Contreras (20 años) y el artemiseño Edel Borundarena (20 años), muestran ciertos progresos, pero tendrán la suficiente adrenalina para resistir el largo y empedrado camino hacia los 80.00 metros.

Otra especialidad que ha visto mermado sus rendimientos es los 110 con vallas, cuya identidad se fue engendrando al final de la primera mitad del pasado siglo, con Eligio Barbería, luego continuaron Samuel Anderson, Evaristo Iglesias, Lázaro Betancourt, Juan Morales, Guillermo Núñez, afianzándose con la llegada de Alejandro Casañas, Emilio Valle, Anier García, Yoel Hernández y Dayron Robles. Posterior a la cita olímpica de Londres 2012, se conjugaron varios factores para agudizar el declive de la prueba, Dayron y Orlando Ortega, los principales exponentes de la especialidad, tomaron el camino de marcharse de Cuba, el primero para competir sin el visto bueno de la FCA y el segundo, para nacionalizarse español, a esto se une, que Santiago Antúnez, el artífice de los resultados en el período 1986-2012, dejó vacante su puesto de entrenador en la selección nacional. Con este panorama, todas las miradas estaban puestas en el camagüeyano Yordan O’Farrill (27 años), titular mundial juvenil en Barcelona 2012, quien mostró progresos durante los tres años siguientes (13.44, 13.19 y 13.23), pero su estrella ha dejado de alumbrar. Por su parte, Roger Iribarne (24 años), cuarto en el mundial de cadetes de Donetsk 2013 y subtitular panamericano juvenil en Edmonton 2015, quizás con mayores potencialidades físicas que O’Farrill, en los cuatro años posteriores no ha sido capaz de rebajar su cuota personal de los 13.39 (2017). Solo queda esperar que los bisoños Pedro Gutiérrez (20 años) e Ismael Fernández (19 años), corran mejor suerte en su andar entre las vallas.

En la impulsión de la bala, entre los hombres, Cuba no ha sido una potencia, como tal, pero, siempre (1981-2012) tuvo atletas capaces de ir más allá de los 19.00 metros e incluso, cinco de ellos, sobrepasaron los 20.00 (Paul Ruiz, Alexis Paumier, Carlos Fandiño, Carlos Veliz y Reinaldo Proenza). Ahora, desde que el propio Veliz (20.50) y Proenza (19.08) lo hicieron en 2012, ningún otro balista criollo se ha acercado a esa cuota, siendo 18.00 metros, lo máximo alcanzado (Lázaro Acosta, en 2016). Entre las mujeres, se cuenta con mayor tradición, en cuanto a podios internacionales, donde destacan el título olímpico de Yumileidi Cumbá (Atenas 2004) y el bronce mundial de Misleydis González (Valencia 2008), además de atletas como María Elena Sarría y Belsy Laza, únicas que lograron lanzar más de 20.00 metros y otras (Lissette Martínez, Herminia Fernández y Mailín Vargas), con envíos sobre los 19.00 metros. Esos registros forman parte del pasado, en la actualidad (2013-2019), únicamente Yaniuvis López (33 años-18.92) logró arribar a los 18.00 metros, en el camino quedaron “talentos” como Nieves Berroa, Yiliena Otamendi, Saily Viart, entre otras y es poco probable el ascenso de Dianelis Delís (21 años-16.12) y Layselys Jiménez (19 años-16.05).

El santiaguero Alberto Juantorena, el héroe de Montreal’76, marcó un hito con ese doblón olímpico en 400 y 800 metros, pruebas en las que colocó el nombre de CUBA en la palestra internacional. En la primera especialidad, luego aparecieron Félix Stevens (44.77), Roberto Hernández (44.14) y William Collazo (44.93), también con registros inferiores a los 45.00 segundos; mientras que en la segunda surgieron con posterioridad, Norberto Téllez (1:42.85) y Yeimer López (1:43.07). Hoy ambas especialidades viven momentos oscuros, en 400 metros, el tunero Yoandys Lescay (26 años) despuntó desde los juveniles (2013), con 45.29, la segunda mejor marca para un cubano en esa categoría (Roberto Hernández, 45.05), pero sus progresos quedaron varados en los 45.00 segundos, marcados en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016; en los 800 metros el panorama es desolador, luego de la partida de Yeimer López (2010), solo Andy González (1:45.58) y Raidel Acea (1:45.62) brindaron algunos destellos, pero sus estrellas no llegaron a iluminar el firmamento. En la actualidad, Leonardo Castillo (46.44), Lescay (46.60) y Raydel Rojas (46.73), en 400 metros, con Jorge Félix Liranzo (1:48.60) y Pedro Acuña (1:48.96), en 800 metros; marcan las pobres últimas huellas, en ambas especialidades. Con seguridad, ninguno de ellos se acercará a las marcas que restauren el nombre de Cuba en la palestra internacional y mucho menos a lo realizado por Juantorena.

Por su parte, los 400 metros, entre las mujeres, tampoco viven una aceptable época, salvo la cienfueguera Roxana Gómez (21 años), con marca personal de 51.46 (2017) y 51.56 en la pasada temporada, ninguna otra corredora cubana es capaz de descender de los 52.00 segundos, incluso, solo Roxana logró correr por debajo de 53.00 segundos en 2019  Aunque, dice un proverbio que “Una sola golondrina no hace verano”, en esta prueba tuvimos una golondrina mayor, Ana Fidelia Quirot (49.61), que realizó excelentes veranos, antes estuvo Aurelia “Yeya” Pentón (50.56), también con destaque internacional y existieron otras corredoras que las acompañaron, como Carmen Trustée, Beatriz Castillo, Mercedes Álvarez, Julia Duporty, Idalmis Bonne y Nancy McLeon, entre otras. Habrá que esperar, únicamente, por los progresos de Roxana Gómez, sin ánimo de comparar, para volver a tener veranos en esta prueba.

Otra prueba que vive un ocaso total, es el salto de longitud, entre las mujeres, evento donde Irene Martínez (6.33), reinó a nivel continental en Winnipeg 1967; Marcia Garbey (6.52w), fue cuarta en los olímpicos de Münich 1972; Ana Bella Alexander (6.63), dominó en México 1975; Eloína Echavarría (6.61 y 6.60) conquistó plata en Caracas 1983 y La Habana 1991 y Niurka Montalvo (6.86w-6.89), logro una plata mundial en Götemburgo 1995 y oro en Mar del Plata’95; mientras que Lissette Cuza, saltaba 6.99 metros. Después que la triplista Yargeris Savigne (6.91-2010), quien se inició en esta especialidad, hiciera excelentes incursiones en longitud, la prueba ha entrado en total regresión, al punto, que el mejor salto logrado en 2019 por una especialista en longitud, fue de 6.21, de la habanera Yanisley Carrión (19 años). Lejos están los tiempos en que vuelvan a repetirse algunas de las conquistas, como las logradas por  Martínez, Garbey, Alexander y compañía. 

En el salto de altura, entre las damas, no se puede hablar de que Cuba haya sido una potencia a nivel mundial, aunque hay que quitarse el sombrero ante, Silvia Costa (2.04) e Ioamnet Quintero (2.01); Costa marcó toda una etapa, entre 1983 y 1996, siendo medallista en la mayoría de los eventos a los que asistió, destacando la plata en el mundial de Stuttgart 1993, en tanto Ioamnet (2.01), con menor recorrido, se tituló en esa cita alemana y conquistó un bronce olímpico en Barcelona’92. Nunca faltaron las medallas en, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos y del Caribe, con saltadoras como Hilda Fabré, Lucía Duquet, Ángela Carbonell, María del Carmen García, Yarianny Argüelles y Lesyanis Mayor, entre otras. En cuanto a la cuotas, Costa y Quintero lo hicieron sobre los 2.00 metros, mientras que, Mayor (1.93), María del Carmen, Argüelles y Daniellys Dutil, saltaron en algún momento sobre 1.90 metros. Lo expresado durante la temporada 2019, que cerró con un mejor salto, de apena 1.82 metros, logrado por la habanera Isis Kaila Guerra (20 años), deja ver a las claras que la prueba anda en franco retroceso y que los saltos de Costa y Quintero, parecen un guion para una serie de ficción.

Por último, está el decathlon, prueba que mostró crecimiento a mitad de los 90s, cuando los santiagueros Eugenio Balanqué y Raúl Duany lograron franquear la barrera de los 8000 puntos, primeros cubanos en hacerlo. Con posterioridad la especialidad vivió sus momentos de esplendor, con la presencia del pinareño Yordani García, el holguinero Leonel Suárez, los habaneros Alberto Juantorena  (hijo) y Yunior Díaz, quienes por ese orden arribaron, también a los 8 mil puntos. De todos ellos, Leonel ha sido el más consistente, en años, en rendimientos y en podios, con marcas estables sobre los 8 mil puntos, entre 2007 y 2018, así como varias medallas olímpicas (2) y mundiales (2), pero ya el holguinero anda sobre los 33 años y ha sido maltratado por las lesiones en las últimas temporadas. Así, la prueba se ha ido apagando, pues desde que Yunior Díaz hiciera 8357 puntos en 2009, ningún otro cubano ha conseguido brincar esa barrera y las perspectivas de que eso suceda en los próximos cuatro años, es nula. La especialidad camina en caída libre al ocaso.

Hasta aquí este recuento sobre algunas de las pruebas que en los últimos años han ido cediendo, segundos, centímetros, metros, puntos y con ellos, dejando de identificar al atletismo cubano en la arena internacional.

Por Eddy Luis Nápoles Cardoso

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