Belén Casetta, la olímpica argentina que se entrena en la cuna de los keniatas campeones en maratón

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Por Hernán Sartori / Diario Clarin.- Suena la alarma del celular. Son las 5.30 y descansó muy bien. Se higieniza, se calza la ropa deportiva y sale a trotar en ayunas. Su cuerpo se despierta durante los primeros kilómetros, mientras asoma la claridad. La humedad puede ser la misma que en Mar del Plata, pero no está en su ciudad. Trota a 2.500 metros de altitud. Sube y baja lomas. Corre en un pelotón de hombres y mujeres negras. Ella, Belén Casetta, la «musungu» (blanca), en un día más en Iten, la cuna de los campeones keniatas de maratón.

“Esta experiencia superó todas mis expectativas. Estoy rodeada de atletas y varios son campeones olímpicos o mundiales, o dueños de los récords del mundo. Yo no soy nada en comparación con la mayoría de los keniatas. Acá no pueden parar de entrenarse. Es su naturaleza. Es su cultura. Es como el mate para nosotros”, cuenta después del almuerzo la finalista en los 3.000 metros con obstáculos del Mundial de Londres 2017 y olímpica en Río de Janeiro 2016, en pleno descanso de su plan de entrenamiento de elite. En La Meca del atletismo de fondo.

Lleva casi cuatro semanas en ese pueblo keniata de suelo rojizo, sonrisas blanquísimas, caminantes eternos y keniatas que abrazan el correr ya no como deporte sino como cultura y como una vía de escape hacia otro mundo. Miles de años corriendo están grabados en sus genes. Y para Belén, a 10.300 kilómetros en línea recta de su hogar, todo es sorpresa, admiración, respeto y pasión.

“Acá están todos corriendo. Si me quedo 10 minutos quieta, más de 200 personas pasan corriendo. Llegan aficionados para vivir la experiencia y los llevan por los circuitos. Pero son los menos –avisa-. Lo normal es encontrarte todo el tiempo con algún keniata que nunca salió de su país porque para ellos no es bueno.. ¡y tiene marcas de 1h02 en medio maratón o de 2h05 o 2h08 en maratón a 2.500 metros de altitud! En Argentina sería el mejor. Pero todos siguen entrenándose igual porque es una necesidad”.

Con un puñado de casos de coronavirus en Nairobi, la capital, el presidente Uhuru Kenyatta cerró las fronteras de Kenia para el ingreso de extranjeros. Pequeño detalle: Belén está en el territorio. Así que hubo cambios que afectaron su día a día y este martes emprenderá su regreso anticipado a la Argentina, derechito a la cuarentena.

Las últimas noticias sobre el virus que afecta a la Argentina y al mundo.

“En Iten estamos aislados, aunque en esta región no hay casos. No ingresa nadie, pero los extranjeros pueden salir. Al entrar al pueblo, se hacen controles en las rutas. Ya no circulan los autobuses que nos llevaban a la pista y ahora los grupos para entrenarnos son de a cinco», describe.

De la sorpresa por lo que encontró en el paraíso para cualquier atleta pasó al placer por exigirse con un objetivo claro (Tokio 2020) y luego a las dudas por su continuidad por la pandemia. Argentina tiene apenas 4 récords sudamericanos vigentes en el atletismo ​al aire libre y uno es de Belén. Por eso no quiere que nada la saque de foco.

“En mi carrera deportiva, me he saturado de esta vida de entrenarme, competir y viajar cuando el objetivo está lejos. Cuando tengo los objetivos cerca, soy firme –aclara-. Me sacaron los Grand Prix Sudamericanos y cambié el chip pensando en el Iberoamericano (recientemente cancelado) y en los Juegos Olímpicos”.

El COI abre la puerta por primera vez a que los Juegos Olímpicos se puedan postergar

-El COI dejó abierta la puerta a una postergación. ¿Cuál es tu postura al respecto?

Es una decisión difícil. ¿Cómo le decís al atleta que ya está, que no se hacen? Nos duele esta situación, porque hay mucho sacrificio y trabajo detrás de ser olímpicos. Si se puede volver a entrenar en junio o julio, estaría bueno que los hicieran a fin de año. Si no calmó la pandemia, que se hagan el año que viene.

Sus días de doble turno fueron  intensos. Alternó series en la pista –de tierra, obvio- con fondos largos, entrenamientos con cambios de ritmo y trotes suaves. La tecnología la ayudó a la distancia, cuando encuentra buena conectividad. Pero hay un amigo que la acompaña en cada viaje: el libro. “Leo novelas de suspenso o policiales y me encanta la historia argentina. Me traje libros en papel, porque el olor no se compara. Me encanta tener el libro en la mano”, cuenta para que la distancia ya no cuente en ese momento.

-¿Reflexionás sobre el lugar en el que estás? ¿Te permitís disfrutar esta experiencia, más allá del desgaste, la carga de kilómetros y ahora las fronteras cerradas y el regreso anticipado?

-¡Claro! A veces paso por cada lugar que me pregunto: “¿Dónde me metí?”. Los primeros días salía con el celular para orientarme. Ahora me guío por la posición del sol. Me pasa un montón de gente y siempre pregunto para orientarme. Si salgo sola y me meto por adentro, puedo llegar a un lugar desierto con campos o a pleno bosque por caminos finitos y senderos. Te llegás a perder y no aparece nadie.

-¿Qué te sorprendió del tipo de entrenamiento que hacen allá?

-Yo me imaginaba que se entrenaban todos los días fuertes como animales, pero tienen días específicos. Cuando acá dicen “entrenamiento con calma”, son con calma de verdad. Me parece muy lento correr así, pero se recuperan. Como la mayoría son corredores de medio maratón y maratón, suman muchísimos kilómetros. Las pistas son de tierra y los circuitos largos son hermosos. Te pasás kilómetros y kilómetros subiendo y bajando.

-¿Te integraron sin problemas como una más del pelotón?

-Te integran, pero tenés que seguirles el ritmo, je. Los varones hacen series de un minuto y ni siquiera yo me puedo sumar porque hacen la vuelta a 1m12. Es como que estuviera estorbando, porque van a un ritmo bestial. No es fácil, ni siquiera para mí. Y en los circuitos por el pueblo hay que seguirlos, porque realmente te perdés. Por lo general, voy con una mujer o con un hombre que ayuda con los ritmos. Pensá que hacemos 18 kilómetros a 4m20 en la altura.

Belén sabe lo que es hacer períodos de entrenamiento en la altitud, porque los atletas argentinos y sudamericanos copan la hermosa Cachi salteña muy a menudo para potenciar sus glóbulos rojos de manera natural. Pero Iten es otra cosa.

“La exigencia es totalmente diferente, si pienso en nuestras concentraciones en Cachi. El clima en Cachi es seco y acá es más húmedo, más marplatense, con una gran cantidad de rutas y de circuitos para subir hasta a 3.000 metros –relata-. Yo en Cachi corro sola y acá me cruzo con un montón de pelotones y me sumo a un grupo. Como la pista está siempre llena, nunca hago sola mis series. Cachi es un lugar que siempre elijo para entrenarme, pero estaría bueno que arreglaran la pista porque el sintético está vencido y eso perjudica a las piernas y lleva a lesiones”.

Si de piernas, pies y lesiones se habla, no deja de sentirse cautivada por esos nenes y esas nenas que pasan a su lado cuando camina por el pueblo. “Todo el tiempo te saludan con un ‘Hello! How are you?’. Cuando me entreno fuerte, a veces no tengo aire ni para contestarles el saludo –se lamenta-. En los trotes suaves me acompañan durante 30 y hasta 100 metros… descalzos o en ojotas. No les importa”.

Esos pibes y esas pibas ven a Belén como otra “musunga” que llegó su tierra para mamar en primera persona el método de los campeones keniatas. Serán ellos y ellas quienes de tanto caminar y trepar ejerciten sus cuerpos a temprana edad, para echarse a rodar en la adolescencia y soñar con salir de la región y del país, y triunfar en las grandes ligas. En esa tierra rojiza se cocinan los sueños. Y allí estuvo Belén Casetta. En Iten, la casa de los campeones.

Entre el ugali, las jirafas y la Universidad

Un atleta de alto rendimiento con perfil olímpico es una máquina perfecta que debe combinar entrenamiento y fortalecimiento físico con nutrición, descanso y tenacidad mental para llevar su cuerpo al límite en ciclos planificados por un entrenador. Su trabajo es ese. Debería ser ese. Pero en Argentina es imposible que sea ese si el dinero de una beca no alcanza y escasean los sponsors privados. Por eso Belén Casetta disfruta su estadía en Kenia. Porque vive para lo que la apasiona y no debe preocuparse por nada.

En el complejo que habita está todo ordenado y coordinado. Los horarios se ajustan a la vida de un deportista de elite. Y las agujas del reloj son estrictas si de alimentación se habla. “En Mar del Plata, los lunes, miércoles y viernes yo me entreno a las 7 en ayunas, pero como antes voy 40 minutos en bicicleta, mi cuerpo se va activando. Acá estoy arriba a las 6, a la media hora se sale a correr y los primeros dos kilómetros los sufro hasta que me despierto. Hay días en que desayuno una fruta y un café, me cambia todo y me entreno como un animal”, explica Casetta a la hora de repasar la rutina.

Pero el desayuno llega en realidad generalmente después del primer turno. “Es una avena insulsa sin sabor a nada y huevos a la plancha. Toman el té Kenia o leche chocolatada y hay panes caseros. Hacen dos colaciones a media mañana y en la merienda, que puede ser torta frita, pan o panqueques”, detalla Belén, quien enseguida presenta a la estrella de la estadía: el ugali.

“Es como una polenta blanca y bien compacta. Todos los santos días comés lo mismo: ugali o arroz, porque la pasta de ellos es media fea. Las sopas se toman durante todo el día. Hay ensaladas agridulces con sandía o ananá. Y a la noche, algunos trozos de carne o pollo por las proteínas”, explica.

-¿Da para salir a comer afuera, como para probar algo distinto?

-¿Algo distinto? Je. Si salís a comer, nada de pizza. Sólo ugali. No hay nada de dulces. Heladería no vas a ver jamás. Por eso tienen la dentadura impecable que tienen. De chiquitos no están en contacto con los dulces. Así que para comer ugali afuera, me quedo en el complejo.

Para colmo, Belén está en proceso de bajar la carga de proteínas porque está hipertrofiada y tiene que afinar sus músculos. “Parezco una velocista, je. Es difícil”, comenta quien extraña los sagrados almuerzos en familia de los domingos y las tardes con amigos. “Se hace difícil llevar los domingos con la tarde libre”, confiesa.

Claro que además de hacer la siesta, escribir y leer, Leonardo Malgor, su entrenador y compañero de aventuras durante tres semanas en Iten, se las arregló para armar una actividad distinta para liberar la mente: ir a ver a las jirafas en su hábitat. “Fuimos a una reserva natural a 100 kilómetros y vi jirafas por primera vez. Fue muy fuerte sentirlas tan cerca”, recuerda aquel momento de esparcimiento.

Como si algo le faltara a una vida en la que el tiempo escasea y hay que saber utilizarlo, Belén es estudiante de Medicina y de Abogacía. “Lo que yo empiezo, lo termino. Así que cada vez que estoy en Mar del Plata, meto uno o dos finales. Ahora Medicina la tengo en stop, porque me quedan los años de práctica y para ello es fundamental que esté allá en las semanas, porque son materias a las que tengo que asistir. No puedo faltar. La carrera la quiero terminar, porque me encanta Medicina para saber cómo funciona el organismo, la fisiología y la anatomía, pensando siempre en el deporte”, explica yendo al grano.

El mismo interés deportivo la llevó a cursar Abogacía a distancia en la Universidad Siglo XXI. “Me encanta la historia argentina y tratar de entender cómo funciona todo políticamente hablando. Me encantaría aportarle algo al deporte también desde ese lado”, asegura. Es inquieta Belén Casetta. Adentro y afuera de la pista. Se nota, ¿no?

Su revancha olímpica

Hay deportistas que se esconden en las difíciles y hay otros que se potencian bajo presión, cuando la adrenalina está a pleno y no hay lugar para errores. Belén Casetta es una de ellas. En 2015, viajó al Sudamericano de Lima con la muerte de su padre a cuestas y fue bronce con récord argentino en los 3.000 metros con obstáculos. Fue campeona iberoamericana en 2016 con nuevo récord nacional y debutó como olímpica en Río de Janeiro. Pero la cumbre llegó en el Mundial de atletismo de Londres 2017.

“Cuando me clasifiqué a los Juegos Olímpicos, era muy joven y no tenía la madurez necesaria en competencias internacionales. Por eso me golpeé contra la pared. Pero me sirvió a futuro para saber cómo salir a correr en un pelotón”, afirma desde Iten. Y vaya si aprendió la lección: es la única argentina finalista de un Mundial de atletismo en una prueba de pista.

En Londres 2017 hizo más historia aún, porque en la serie clasificatoria se quedó con el récord sudamericano (9m35s78) y en la final fue undécima con un tiempo de 9m25s99. Sí, ¡diez segundos menos que lo logrado dos días antes!

“No me esperaba llegar a la final, porque el objetivo era mejorar mi marca. No lo podía creer. Y me costó un montón entenderlo. Pero hoy ves que no sólo dominan Kenia y Etiopía sino Estados Unidos y Alemania. Eso me da chances de soñar con algo más que el 11º puesto que obtuve en Londres”, se esperanza a la distancia.

-O sea que seguís pensando en Tokio…

-Quiero mejorar lo que hice en Río y, si se puede, lo de Londres también.

Belén Casetta está logrando hoy su clasificación olímpica, que por ahora cerrará el 29 de junio, porque ocupa el 24º puesto en el ranking mundial de los 3.000 metros con obstáculos y serán 45 las atletas que irán a Tokio en esta prueba. Este parámetro la deja tranquila, más allá de que no tenga la marca mínima de 9m30 pedida por World Athletics (hizo 9m40s05 el 17 de julio de 2019, en Liege, Bélgica).

Ahora lo que le falta es saber cómo volverá a la Argentina desde Iten, en qué condiciones hará la cuarentena, qué le deparará el coronavirus al mundo y, recién entonces, saber cuándo se disputarán los Juegos Olímpicos de Tokio. Una pavadita nomás.

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