Desde tiempos memoriales muchas personas en las diferentes manifestaciones de la sociedad se han encargado de cambiar el curso de la historia. Ente ellos podemos mencionar a Julio César, Napoleón, Alejandro Magno o Mahatma Gandhi. En el deporte innumerables personalidades han cambiado el curso de los acontecimientos mundiales, con Pierre de Coubertin, a la cabeza, fundador de los Juegos Olímpicos Modernos; así pudieran seguir, Muhammad Ali, en el boxeo, Babe Ruth, en el béisbol o Jesse Owens, en el atletismo.
Los entrenadores cubanos luego de beber de los sabios conocimientos emanados de los amigos de la entonces llamada Europa del Este, que afortunadamente compartieron en suelo criollo; se fueron empoderando de los conocimientos necesarios para crear los embriones que han llevado al atletismo cubano a ocupar un sitial privilegiado dentro de la élite mundial. Así aparecen hoy apellidos ilustres, Muñoz, Beato, Godoy, Bécquer, Riverí, Bandera, Hechavarría, Antúnez, Bernal, Navarro, cuyos aportes han llevado a la creación de concepciones y filosofías de entrenamientos propias de esta pequeña isla del Caribe.
Como un día lo hicieron Zygmud Zabierzowski, Leonid Sherbakov, Edmun Pochovoski, Karl Hellmann, Pavel Kantore, Vladimir Puzio o Stanislav Bosniak, que bregaron en otras tierras, en este caso, en Cuba. Con posterioridad otros técnicos cubanos han marcado hitos allende el océano, referente a estos últimos les comentaré a continuación:
A nivel olímpico, quizás, los Juegos Olímpicos celebrados en Londres en 2012 marcaron el punto de partida en la explosión de resultados al máximo nivel. En la cita londinense tres entrenadores cubanos guiaron a sus discípulos foráneos a ocupar un puesto en el podio; sus nombres, Ismael López, Rigoberto Medina y Ubaldo Duany.
El habanero Ismael López Mastrapa, un especialista en el lanzamiento del martillo, establecido aproximadamente desde 2004 en Trinidad y Tobago, y en virtud de la excelente preparación multilateral que reciben los profesionales del deporte cubano, devino allí entrenador de lanzamiento de la jabalina. Mastrapa, como también es conocido, cambió el curso de la historia del atletismo trinitario, acostumbrado a las conquistas olímpicas de sus velocistas, liderados por Hassely Crawford, titular en Montreal 1976 (100 metros). El técnico cubano lo hizo con Keshorn Walcott, quien sorpresivamente para muchos especialistas, conquistó el título en el lanzamiento de la jabalina, con envío de 84.58 metros; primera medalla para el atletismo trinitario en pruebas de campo. Cuatro años más tarde, Walcott terminó con bronce en Río de Janeiro.
Unos días antes, el 4 de agosto, el espirituano Rigoberto Medina, asentado por ese entonces en tierras chapinas, condujo al marchista Erick Barrondo a la medalla de plata en los 20 kilómetros, con 1:18:57 horas. La actuación de Barrondo tiene méritos añadidos, primero; evitó que China se adueñara del podio olímpico; Chen Ding terminó primero; Wang Zhen, tercero, con Cai Zelin, cuarto y segundo; constituye la única medalla olímpica para el atletismo guatemalteco hasta el presente.
Al día siguiente del éxito del dueto Barrondo/Medina, otro entrenador cubano era protagonista en la obtención de una presea olímpica por un atleta foráneo bajo sus orientaciones, correspondió el honor al santiaguero Ubaldo Duany, cuya discípula, Catherine Ibargüen, terminó segunda en el salto triple, con 14.80 metros. Era la segunda medalla para el atletismo colombiano en ese momento, Ximena Restrepo, bronce en Barcelona 1992, pero vendrían más. En Río 2016 Ibargüen se consagró campeona olímpica, con 15.17 metros; primer y único título del atletismo cafetero, hasta el presente.
La cita brasileña, constituyó el inicio de otro dueto exitoso, el formado por la venezolana Yulimar Rojas y el cubano Iván Pedroso. Yulimar escoltó a Ibarguen en salto triple, con 14.98; era la segunda medalla olímpica para el atletismo venezolano, luego del bronce de Asnoldo Devonish en Helsinki 1952, en la misma especialidad. En la siguiente cita olímpica, Tokio 2020 (1), Yulimar lo coronó todo, con récord mundial incluido, 15.67 metros y primer título olímpico para el campo y pista venezolano.
Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, celebrados un años después debido a la Covid, representaron el encumbramiento de tres entrenadores cubanos en tierras foráneas. Al mencionado éxito de Iván Pedroso con Yulimar Rojas hay que añadirle el metal bronceado de la española Ana Peleteiro. Otros dos paisanos suyos (habaneros) guiaron a sus pupilos al segundo puesto en el podio olímpico, Yassen Pérez con la dominicana Marileidy Paulino y Nelson Gutiérrez con el colombiano Anthony Zambrano, ambos en los 400 metros. En uno y otro caso, el desempeño de sus atletas constituye primicias para sus respectivos países en esta prueba.
En París 2024, Yassen Pérez llevó a Paulino al primer título olímpico para una mujer dominicana y el tercero para esa nación caribeña, luego de Félix Sánchez (Atenas 2004 y Londres 2012). Cuatro años antes, Paulino había liderado el relevo mixto (Anabel Medina, Lidio A. Feliz y Anabel Medina) que escaló al segundo peldaño en el podio.
Continuará…
Eddy Nápoles Cardoso – Cuba (Especial para Atletismo Peruano)





