China volvió a exhibirse este domingo en Pekín con un medio maratón que mezcló humanos y robots. Desde el inicio quedó claro que no jugaban en la misma liga. El primer humanoide marcó un ritmo fuera de cualquier lógica conocida. “¡Vamos Shandian!”, se escuchaba en el kilómetro 11, donde decenas de personas se agolpaban desde temprano para ver el paso de la carrera.
Shandian (Relámpago en mandarín) vuela. El androide, de rojo brillante, combina un torso robusto con unas piernas finas y veloces, conectadas por articulaciones mecánicas muy visibles. Sus pies, más cercanos a palas, repiquetean sobre el asfalto a un ritmo imposible de seguir. No hay margen: o lo grabas o lo miras, pero no todo a la vez.
Apenas 25 minutos después de la salida, cruzó la curva del kilómetro 11 como si alguien hubiera apagado las luces. Giró sin titubeos y se perdió en la recta. El público respondió con risas nerviosas y miradas cómplices. Familias enteras, niños, mayores, carritos y sillas de ruedas formaban un paisaje de asombro. Algunos sostenían carteles con su nombre.
Los primeros humanos tardaron nueve minutos más en aparecer. Para entonces ya habían pasado otros cinco robots. La diferencia era abismal.
Shandian cruzó la meta en 48:19, rebajando en más de nueve minutos el récord humano de Jakob Kiplimo (57:20 en Lisboa). Eso sí, su final tuvo un tropiezo: chocó contra las vallas y necesitó ayuda para levantarse. Además, no fue el ganador oficial al competir con control remoto.
El triunfo fue para otro Shandian, autónomo, que completó los 21,0975 kilómetros en 50:26. Ambos modelos, casi idénticos, pertenecen a Honor, gigante de la electrónica. La noticia de su llegada corrió entre el público antes de que los humanos empezaran a llenar el circuito.
La prueba, entre experimento y escaparate, reunió en Yizhuang a más de un centenar de equipos y unos 12.000 corredores. Es el mayor evento de este tipo y una radiografía del ritmo al que avanza la tecnología en China.
Hace un año la escena era muy distinta. Apenas participaron una veintena de robots y muchos ni terminaron. Sus movimientos torpes provocaban incluso sonrisas. Algunos eran retirados del circuito como si se hubieran quedado sin energía de golpe.
Fuente: Diario Marca





