El recuerdo memorable del ex campeón nacional de salto alto, Hugo Muñoz

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SAM_2680 editadaLa Revista Atletismo Peruano conversó con el ex atleta y campeón sudamericano de salto alto peruano Hugo Muñoz. El saltador nacional que destacó en el salto alto en los años 90’s, llegó a competir en dos Juegos Olímpicos: Atlanta 96 y Sydney 2000, a base del esfuerzo y dedicación que lo caracteriza. Nos contó sus inicios en esta disciplina, las dificultades por las que pasó para alcanzar lo que hizo y la perspectiva que tiene de su pequeña hija, quien le sigue los pasos.

¿Cómo te iniciaste en el salto alto? ¿Por qué lo elegiste, viene de familia?

A mis 12 años en el colegio Maristas, un día el profesor de Educación Física, Julio Berenguel entró a mi clase de Matemáticas y nos propuso probarnos en atletismo. Yo acepté, aparte que había hecho todos los deportes en la escuela, entonces quise ir. Me probaron en varias disciplinas para ADECORE y después me dijeron que iba a hacer salto largo, salto alto y jabalina, por lo que empecé a entrenar.

Tiempo después, en un partido de fulbito que acompañé a mi padre en el “Reina de los Ángeles”, me encontré con Roberto Abugattás, quien en ese entonces saltaba como 2 metros y su hija se encontraba en ese colegio. Aproveché y le pregunté si me podía enseñar a saltar y aceptó. Es más, le dijo a mi papá que me iba a llevar a un lugar a enseñarme unas cosas. En el primer intento salté como él, pero me dijo que ya no se saltaba de esa forma, sino de espaldas. Me hizo un par de demostraciones, aunque a la hora de la competencia, lo hice a mi manera. No traté el ir de espaldas, tal vez porque no había tomado tan en serio el atletismo en ese momento. Después de eso, Roberto salió y mi papá le preguntó por mí, a lo cual respondió que me había quedado entrenando y al mismo tiempo asegurando que no me iba a gustar el salto alto, por lo que no tendría de qué preocuparse. Pasaron tres horas y seguía practicando.

Más adelante, competí en ADECORE y quedé tercero. Me gustó, pero no lo suficiente para quedarme haciendo atletismo, por lo que me olvidé por completo de ese deporte.

Pasó un tiempo y mi padre había sido campeón sudamericano de básquet en los Sudamericanos Universitarios en Curitiba, Brasil. Tenía su camiseta de Perú y yo a veces me la ponía. Quería ganarme la mía pero no sabía en qué deporte. Había hecho básquet e incluso integré la selección de la escuela. Era bueno, aunque tampoco el mejor. Lo que yo quería era hacer algo y sobresalir.

Analicé todos los deportes que había hecho, el tiempo que les había dedicado y el avance en cada uno. Hice atletismo por 2 meses y, en el salto alto, el cual no entrenaba mucho, quedé tercero en un campeonato interescolar. De repente, si he puesto tan poco esfuerzo en algo así y me ha ido tan bien, entonces creo que me decido por eso, es decir, por descarte.

Recuerdo que un día fui a buscar a mi amiga Carmen Rosa Silva en el IPD para entrenar, pero al no encontrarla me dijeron que no podía entrar por no contar con carnet. Me fui decepcionado y pensé en no regresar nunca más. Después me la encontré y me hizo pasar.

Empecé a entrenar y saltaba bastante bien y tenía muchas cosas naturales que nadie me las enseñó: el trabajo encima de la varilla, entre otras cosas. Me pasaba horas practicando.

Mi primer entrenador en el estadio fue Moisés del Castillo. Con él estuve un tiempo hasta que me dijo: “voy a tratar de clasificar a los JJ.OO. de Seúl. Creo que tú necesitas una persona que realmente te pueda ver. En estos momentos no puedo ser entrenador y atleta al mismo tiempo”. Me pasó a otros entrenadores, pero igual recuerdo a Moisés con mucho cariño. Le agradezco ese sentido, tampoco egoísta, el pasarme a una persona que en verdad me pueda ayudar. Podría haber dicho “este chico tienes condiciones y me lo voy a quedar, y qué importa si no puedo entrenarlo, porque le puedo dejar un plan y después lo veo”. No. Moisés no hizo eso. Me enseñó a ser atleta, hacer carrera, calentar, todos los inicios. También, el ser disciplinado, el valorar la pretemporada que es la base para el resto del año. Que no debo faltar a ningún entrenamiento a pesar de volverse monótono y problemático; persistir y tomar en cuenta que debía pasar por eso. A pesar de ser un deporte muy duro, entrenas tanto para solo un momento nada más, que es la prueba final. Me dio ánimos y me hizo entrar en razón de que puedo ganar o perder, pero de que regreso, analizo y sigo adelante. Me entrenó poco más de 2 meses. Hice parte de la base y la seguí con Akira Wataya.

Pasó el tiempo y competí en mi primer campeonato oficial infantil y, si no me equivoco, quedé tercero, a pesar de que participaron chicos con más experiencia que yo. Entonces me dije que era bueno y que quería ser aún mejor.

Mi mejor marca cuando inicié era 1.65 mts. a mis 15 años, y mi hija que tiene 13 años ha hecho 1.52 mts. ¡Imagínate que ella está mejor que yo que cuando empecé! Pero entrené muy duro ese verano.

En mi primera competencia del siguiente año, salté 1.80 mts y le gané al campeón nacional en el primer intento. A partir de ahí, nunca perdí un campeonato nacional de mi categoría hasta el día que me retiré. Desde ese momento valoré el haber hecho mi etapa base, el esforzarme y que las cosas hayan salido bien. Todo este tipo de cosas me enseñaron, no solamente en el atletismo, sino que me lo llevo conmigo el resto de mi vida.

El fin de semana siguiente volví a competir y todo estaba igual. Aun así, salté 1.85 mts., a pesar de que seguí creciendo y lo hice hasta los 20 años. Justo en aquel momento, vino el presidente de la Federación junto con el encargado del almacén y me dijeron que un año anterior, cuando vine y estaba solo saltando allá afuera, el presidente de la Federación estaba sentado en la tribuna. Cuando la persona del almacén salió a querer botarme, el dirigente le dijo que me deje saltar. Como me estaba divirtiendo, que siga haciéndolo. Fue bonito todo eso porque después ves cómo el mundo se arregla para ti.

¿Tuviste el apoyo de tus padres para dedicarte a esta disciplina?

Sí. Vine de una familia de padres muy trabajadores. Ahora que tengo a mi hija y mi familia, uno se da cuenta que las cosas no son fáciles y se trata de dar lo mejor que uno puede para su familia. Ellos me dieron todo, hasta que llegó un punto donde tuve que empezar a conseguirme las cosas. Por ejemplo, me pagué la universidad, empecé a conseguir mis contratos yo mismo, me volví un atleta profesional. Pero yo creo que sin su apoyo en los primeros momentos hubiera sido imposible para mí.

Los tiempos han cambiado y veo más apoyo. Fui el primer atleta pagado en el Perú, y fue algo que aprendí del Marketing, hacer mis propias cartas y sentarme a las compañías a tocarles las puertas para tratar de conseguir algo. No me pagaban todo, pero me daban un poco en cada lado, y así poco a poco fui juntando. Compañías a las que estoy eternamente agradecido como el Banco de Crédito del Perú. Al señor Lucho Nieri lo recuerdo siempre con mucho cariño porque su ayuda fue indispensable para salir adelante. Me gustaría pensar que soy una persona agradecida. Es una de las cosas que yo inculco a mi hija. El mundo da muchas vueltas y esa energía, lo que tu das, siempre regresa. También agradezco a Juan De Dios Puicón del gimnasio Enzo, quien me ayudó con los entrenamientos, las pesas, el trabajo de musculación. Siempre fue una gran persona. Soy testigo de que no solo a mí, sino que a muchos atletas nos abrió las puertas de su gimnasio sin un centavo a cambio. Lógicamente cada vez que las cosas iban bien, yo creo lo más caballero era decir “gracias”.

Fueron varias las compañías que me patrocinaron. Una época estuve con Brooks, otra con adidas, pero al final de mi carrera me quedé con ASICS, que me mandaban las cosas directamente de Japón o de EE.UU.

Ahora, tus entrenadores desde menores, pasando por Edgar Baez y Abelardo Castillo, ¿qué tan importante fue el asesoramiento y sus consejos para tu formación como atleta?

Muy importantes. No solamente el gran aporte técnico que me dieron, el cual es incuestionable, pero el aporte en los valores. A veces pasaba más tiempo con mis entrenadores que con mis propios padres. El apoyo de ellos fue no solamente en la parte técnica, sino como ser humano. Me ayudaron mucho con decisiones personales y sin su apoyo no hubiera podido hacer lo que hice.

Fui uno de los primeros atletas que abrió las puertas con las universidades a otros peruanos. A raíz de eso, muchos atletas se fueron y usaron mi casa como punto de llegada para entrar a las universidades.

¿Cuál fue el momento más significativo para ti en tu etapa en el salto alto?

Ser campeón sudamericano y las clasificaciones a los JJ.OO. A pesar de que fui un atleta que me lesioné demasiado joven, batí el recórd nacional a los 18 años y salí campeón sudamericano a los 20 años. Después, competí en Europa, Asia y he sido finalista de un campeonato mundial juvenil. He competido en todos los continentes, excepto en África.

Todas esas experiencias las veo como un todo y ahora lo trato de pasar hacia adelante, en mi comunidad, donde vivo, con mi hija y con los atletas que tengo que vienen de varias partes de EE.UU.

Y por el contrario, ¿el momento más duro?

Mi lesión, porque me cambió la vida. Me tuvieron que reconstruir el tobillo. Es más, ya no iba a saltar, ni siquiera para los JJ.OO. Simplemente traté. Hasta para entrenar tenía que caminar unas cuantas vueltas hasta que mi tobillo caliente un poco y con dolor trotaba, y así trataba de entrenar. A pesar de todo, intenté llegar, pero por sobrecompensación en la pierna de despegue, es decir, en la izquierda, me terminé lastimando el tobillo derecho. Prácticamente fue una lesión cuando la carrera se me terminaba según los doctores.

Ahora, pasaron ciertas cosas en los JJ.OO., que para empezar, no tenía entrenador. Era un muchacho bastante joven y estaba solo, lo cual no es la realidad de mi hija en estos momentos. Estuve en ese camino y sé cómo son las cosas. Solo trato de sacar lo mejor de cada situación y moverme hacia adelante para mejorar.

Después, en los JJ.OO. de Atlanta, en donde las cosas no salieron, me hice la operación para tratar de tomar ventaja de las becas que las universidades me ofrecían. No podía terminar sin una carrera universitaria porque de eso no iba a vivir. Entonces me sometí a la operación y el médico me dijo que no volvería a saltar nunca más.

Elegí la Universidad de Idaho a pesar de tener ofrecimientos de otras universidades. El primer año me la pasé rehabilitándome y no salté. El segundo año salté sin curva porque el tobillo no lo aguantaba e hice 2.20 mts. Cuando yo estaba sano, tuve 2.23 mts. con tres pasos.

En el año en que salté 2.30 mts., estuve entre los 20 mejores del mundo, pero de los chicos que estaban subiendo, fui considerado entre los tres talentos más grandes del mundo.

A mis 25 años me dije que tenía que estudiar para seguir tomando ventaja de la beca, pero la universidad no tenía entrenador de salto alto, por lo que tuve que aprender por mis propios medios lo que tenía que hacer.

Un año después, previo a la siguiente competencia, hice una rehabilitación que me permitía agarrar un poco de curva pero no era consistente. Se convirtió en un problema mecánico en el sentido que no llegaba a ciertos ángulos cómodamente. Entonces yo no podía llegar con la cadera y, al nivel que tenía que saltar, se resume a la posición exacta de la cadera en el momento preciso y eso puede significar 10 centímetros.

Ya en la prueba al aire libre, me encontré con varios chicos del equipo norteamericano en un campeonato en la Universidad de Stanford. Uno de ellos tenía como mejor marca 2.36 mts. Ahí salté 2.30 mts. en el primer intento y ellos 2.20 mts. En el segundo, quise irme a 2.28 mts. Dije: “estoy de regreso”. Luego pedí 2.31 mts. y retrocedí 2 pasos. Justo cuando salto, entro, me inclino y le pego, se me va el tobillo de nuevo. Se me terminó la temporada después de eso.

Aun así quería una oportunidad más y llegar a los JJ.OO. una vez más.

Con todos estos problemas, sumados a inconvenientes personales, el no tener entrenador, patrocinadores. Estaba en Moscow, Idaho, y ya había salido a la universidad. Me faltaban competencias. Iba en desventaja con otros chicos que estaban intentando llegar a los JJ.OO. del 2000.

Ahora, para mandar un atleta a los JJ.OO. los países invierten millones de dólares pero no significa que vaya a ganar. Entonces me dije: “me puedo quedar sentado acá y decir que traté, fui a unos JJ.OO., me lesioné, miro hacia adelante y me olvido; o puedo tratar de pelearla y a pesar de que parezca una locura, de repente esta me pueda dar una oportunidad. Todo lo que necesito es un día”.

Siempre creí en mi talento, a pesar de que sabía que mis competidores eran buenos y tenían lo que yo no tenía en ese momento. Iba a tratar de hacer lo mejor de lo peor.

Me conseguí un trabajo en las noches para juntar dinero e irme a las competencias. Faltaba una pista suave para entrenar y no lesionarme nuevamente. Entonces estaba la Universidad Estatal de Washington. Era amigos de los entrenadores de esa universidad y les pedí si podía ir a entrenar allí. Antes que eso suceda, un año anterior ellos me pidieron que me transfiriera, pero les dije que no porque le había dado mi palabra a la Universidad de Idaho, y me ofrecieron mucho más. Otros chicos pidieron las instalaciones, pero se las negaron. A mí en cambio no, porque entendieron el hecho de haber dado mi palabra en otro lado y me respetaron por eso.

Aparte de eso, necesité un entrenador que me pueda corregir en la parte técnica. A veces saltaba con Dan O’Brien porque utilizaba atletas de alto nivel y me servía para agarrar ritmo.

En sí, entrenaba solo, me iba al gimnasio y luego volvía a la pista pero estaba sin nadie y en la tierra de nadie. Me fui también a los parques, cosa que nadie lo hace.

Nunca más volví a ser la persona de antes. Un día saltaba 2.25 mts. y otro 2.08 mts. El tobillo se sentía más duro o flexible dependiendo de los días. Entonces, para crear mi entrenador me compré una cámara. En todos mis entrenamientos ponía mi cámara y me grababa. Después les mandé correos a muchos entrenadores amigos míos de diversas partes del mundo y les pedí opiniones de mis entrenamientos. Lo aceptaron sin problemas y me corrigieron en muchos aspectos. Así llegué a mis segundos JJ.OO., y aunque las cosas no salieron como esperé, era un riesgo que sabía que iba a correr por mi tobillo. Luego, les agradecí por el apoyo que me mostraron. Me quedo con la conciencia tranquila que la pelié. En EE.UU. doy hasta charlas de inspiración.

Han pasado 20 años desde que obtuviste el récord nacional en mayores con 2.30 mts. ¿A qué crees que se debe que no haya salido otro atleta que pueda batirlo?

No lo sé, porque yo me fui. Sé lo que tuve que hacer para lograr eso y a la edad que lo hice. Ahora, cuando me fui, había una buena camada de saltadores con Alfredo Deza, José Cáceres, Nicolás Abugattás y Piero Vojvodic. Y cuando sacas a un atleta, sacas escuela. Si hay alguien que siempre compite afuera, va haber otros chicos que quieran imitar eso. Después de ellos hemos tenido un bajón tremendo. Con solo decirte que cuando una vez vi los resultados de un campeonato nacional, el ganador hizo 1.93 mts. ¿Cómo puede ser eso posible? Antes si no saltabas 2.25 mts. no ganabas y para obtener meda lla mínimo debías tener 2.15 mts.

Tuvimos la mejor cantidad de saltadores que estaban encima de 2.10 mts. de toda Sudamérica.

Mi filosofía era: “así como un deportista de combate pelea, un saltador salta”. En la época en que yo saltaba, hasta lesionado lo hacía. Nunca me escondí ni fingí una lesión para no saltar.

Si yo soy la cabeza del salto alto en el Perú, debo ser la persona encargada de promover este deporte. Para cualquier desafío yo tengo que salir al frente. Hice lo mejor que pude con lo que tuve, que es algo que le trato de inculcar a mi hija. No sé si esto es algo que ella quiere, pero se le ve bastante proyección y podría guiarla.

Desde hace bastante tiempo radicas en EE.UU. ¿Qué te llamó el irte hacia allá?

Me ofrecieron becas y tenía que irme a entrenar para los JJ.OO. de 1996 que yo realmente fui lesionado. Empecé a estudiar inglés allá, al mismo tiempo que estuve preparándome para los Juegos y culminé mis estudios en la Universidad de Idaho pero fueron por dos razones: una por temas de entrenamiento y después por temas de estudio.

Y en la actualidad, ¿en qué te desempeñas?

Tenía un negocio de la marca Teneo-X de zapatillas de atletismo hace siete años. Las vendí por Internet y después en las escuelas pero cuando estuve en Texas me inserté en el mercado. Algunas compañías se enteraron de eso y una de ellas me la compró y la desbarataron. Lógicamente, era para sacarme del mercado.

A pesar de todo, fue una buena experiencia, porque fui dueño de una marca de zapatillas por 5 años, creció, patrociné a varios atletas, aprendí mucho y cuando hubo la oportunidad de venderla, se hizo y listo.

Otra compañía que tengo es Kagaroo Athletics, que es un centro de entrenamiento, como un parque cercado para saltos: largo, alto y triple. Hago campamentos de entrenamiento, y los campeonatos que organizo son los más grandes de EE.UU. Vienen chicos de todas partes pero si veo que tienen posibilidades y mejoran mucho, por lo mismo que la empresa y yo tenemos una imagen allá, las universidades los reclutan de mis campamentos. Soy muy amigo de muchos entrenadores de distintas universidades. Es más, en la página web de la compañía hay una sección que no está abierta al público, solamente a los entrenadores. Los chicos me mandan sus videos y los entrenadores pueden verlos con sus números de contactos, información de ellos mismos para que los llamen. Por ese lado no cobro, solo por mis campamentos, por los que han pasado más de 3,000 jóvenes.

Kangaroo Athletics ha hecho tanto y ha generado cientos de miles de dólares en becas para los chicos por deporte, que yo quería hacer algo por los de mi comunidad, y la mejor manera de hacerlo era siendo maestro. Tomé los cursos de post grado y ahora soy el profesor de español del Katy High School. Y no es un colegio cualquiera, sino que está considerado entre los 5 mejores programas de fútbol americano de los EE.UU. El entrenador es Gary Joseph, quien ha sido al mismo tiempo el director del equipo de fútbol americano por muchos años.

En Texas, el fútbol es enorme y mueve grandes cantidades de dinero. Joseph fue quien me contrató como el entrenador de saltos de la institución. Es un buen lugar y estoy bastante contento. También soy maestro de español, pero me siento más como un mentor de niños.

El ser profesor de español y entrenador me dieron trabajo, aun así, me dio la oportunidad de llegar a chicos que probablemente me necesitaban como guía, ya que no tenían padres y estaban con muchos problemas, pero eso me llena.

¿Qué sabes de la realidad del salto alto en el Perú?

Sé que en estos momentos está Arturo Chávez a quien considero un buen muchacho y considerables proyecciones. Su mejor marca es 2.25 mts. y lo hizo como hace 2 años. Creo que tiene muy buenas posibilidades de seguir saltando alto, mejorar su marca, y por qué no superar los 2.30 mts. El cielo es el límite. Para mí, los récords se han hecho para batirse y en un futuro me gustaría que lo hicieran. Así todos seguimos avanzando.

Aparte veo que Duberly Mazuelos tiene unos muchachos talentosos y jóvenes. Aquí hay material pero la realidad es que uno nunca sabe. Por ejemplo, yo no soy considerado un saltador de altura con marcas muy elevadas. El atleta norteamericano con el que competí en la Universidad de Stanford mide como 2.08 cm. Por eso lo importante es entender tu cuerpo. Todos tenemos un don. En el mundo no hay persona que no sirva para nada sino que cada uno tiene habilidades distintas para ciertas cosas. En el deporte, si no soy alto pero tengo talento para algo, debo maximizar mis aptitudes físicas para mejorar como atleta.

¿Es difícil la masificación de esta disciplina? ¿Qué características debe tener un deportista para practicarlo?

Tiene que ser delgado pero reactivo. La estatura ayuda mucho pero no lo es todo. Lo importante es saber cómo saltar. Si hablamos de biotipo debes tener el centro de gravedad bastante alto. Pero lo que se necesita, es lo que no se puede ver: es decir, corazón para entrenar y para competir, aparte de la genética, que si no la tienes, entonces no va.

¿Cómo ves el futuro del atletismo peruano?

¡Brillante! Si me hubieras preguntado eso hace 3 años te diría: “tienes un violín, vamos a llorar”, es decir, que está muy duro; porque he visto este último año, con todas las competencias que hubieron y a los chicos que les está yendo bien, la cantidad de medallas que se está trayendo, la representación de nuestros atletas a nivel internacional, la cantidad de niños que vi en el campeonato infantil hace unos días, me parece fenomenal. Vi alrededor de 22 chicas de muchas partes del Perú y me pareció espectacular que haya una buena cantidad de atletas para competir mirando a futuro.

Ahora, problemas siempre habrán como en todo negocio, que es como yo lo considero al salto alto. Pero es importante saber cómo los manejamos. Eso hace la diferencia.

El otro día que fui a la VIDENA en la tarde me di cuenta que había luz en el campo de atletismo. Anteriormente en mi época no había eso y hasta las 6 de la tarde entrenábamos. Entonces veo un avance y que se está trabajando a futuro.

Ahora Daniella, que seguiste los pasos de tu padre en el salto alto. ¿Cuán alto crees que alcances a nivel de rendimiento?

D: Por ahora mi sueño en este deporte es la selección nacional y llegar a unos JJ.OO. Además, quiero llegar a los 2.00 mts. El salto alto es mi vida. He crecido con este deporte.

Durante 3 años he jugado voleibol, pero me di cuenta que el salto alto es lo mío porque en las competencias siento que mi corazón late muy rápido. Todo se paraliza y siento como si el mundo fuera mío. Me considero muy competitiva por todo lo que doy. Es un sentimiento muy especial que solo me ha pasado haciendo salto alto, no con el voleibol ni básquetbol, tampoco fútbol.

Volviendo con Hugo, ¿qué tan necesario sería tener una política deportiva en nuestro país aprovechando que se vienen las elecciones presidenciales?

Esa pregunta me la han hecho desde que empecé este deporte. De que es importante, lo es. Sé que se ha estado apoyando mucho más de lo que se hacía antes a nosotros, pero tampoco guardo resentimientos. Más bien, me alegra que ahora sí lo estén haciendo porque es el mundo que le voy a dejar a ella (su hija), y mañana más tarde puede ser el mundo que ella le va a dejar a sus hijos. ¿Qué padre sería yo si yo quisiera que el mundo de ella sea igual al mío porque a mí no me dieron? Al contrario, me parece que en este momento hay más becas, chicos que reciben dinero del Gobierno. Se necesita más, pero ya se está dando y así espero que sea más adelante. Al fin y al cabo, no se trata de nosotros, sino de dejarle lo mejor a nuestras generaciones.

En campañas como estas siempre se habla de política, de apoyar al deporte, pero por la pregunta que me haces, aún no hay esa política deportiva.

Para cualquiera de los candidatos que están postulando, sería bueno pedirles que si están hablando del deporte, que por favor se cumpla. Eso es todo.

Ficha técnica:

Nombre: Hugo Muñoz Llerena

Fecha de nacimiento: 10 de Enero de 1973

Lugar de nacimiento: Lima, Perú

Mejor marca: récord nacional 2.30 mts. en Campeonato Sudamericano de Atletismo categoría Mayores en 1995, Lima, Perú

Mejores logros: –  Campeón Sudamericano categoría mayores en 1995, Lima, Perú

                                  –  Participación en Juegos Olímpicos Atlanta 1996 y Sydney 2000

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